El aire proporciona el oxígeno que requiere el organismo para mantenerse con vida.

Este se encuentra en la capa de la atmósfera terrestre denominada tropósfera, donde también se alojan contaminantes primarios, que bajo ciertas condiciones, pueden evolucionar y transformarse en otros contaminantes clasificados como secundarios y terciarios. Potencialmente peligrosos para la salud y el medio ambiente.
Dependiendo de la calidad del aire, el cuerpo puede verse afectado de una manera positiva o negativa, ya que las sustancias que ingresan por las vías aéreas superiores atraviesan la tráquea y llegan a los alveolos de los pulmones, donde son absorbidas y transportadas por la sangre a todo el cuerpo.
Es fundamental, por tanto, evaluar la calidad del aire para evitar que ciertas sustancias ingresen a través de la respiración o entren en contacto con el cuerpo.

Esto obliga a definir unos parámetros de calidad de aire que permiten establecer condiciones de aire ‘bueno’ o ‘malo’.
La agencia de protección ambiental EPA de Estados Unidos definió unos parámetros generales que involucran los contaminantes primarios que se encuentran en el aire. Los cálculos realizados para cada uno de ellos y los valores preestablecidos para cada uno de los contaminantes, se dan de acuerdo con la siguiente tabla:

 

Ya que la salud humana se puede afectar por la presencia de contaminantes en la atmósfera, es necesario monitorear la calidad del aire de forma permanente y que los ciudadanos se informen de los resultados para actuar.

El costo de tratar las enfermedades que se producen como consecuencia de la contaminación del aire es alto y representa un rubro bastante elevado tanto para el Estado como para las personas.

¿Cómo mejorar la calidad del aire que respiramos?
La información sobre la calidad del aire ambiental es vital. Acá compartimos algunos tipos
para mejorarlo:
–  Desplazarse en bicicleta o a pie para recorridos cortos.
– Reducir el uso del vehículo particular.
– Consume menos carne y más vegetales
– Reduce, reutiliza y recicla

 

*Con la colaboración de Jorge Enrique García, ingeniero industrial especialista en medio ambiente y
toxicología.